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Melinda French Gates - la Conferencia Anual del Consejo Nacional de La Raza

25 de julio de 2009
Traducción basada en comentarios redactados en inglés por Melinda French Gates, Co-presidenta

Read or watch this speech in English.

Gracias Janet por su liderazgo, y gracias a todos por invitarme. Para mí es un gran honor hablar ante el Consejo Nacional de La Raza (NCLR, por sus siglas en inglés).  En las últimas cuatro décadas, NCLR se ha convertido en una fuerza legendaria en defensa de los derechos civiles y el cambio social.

Desde la inmigración a la educación, la salud, la vivienda y el empoderamiento político, NCLR enfrenta los problemas más críticos para mejorar la vida de los latinos. Bill y yo sentimos una profunda admiración por todo su trabajo, y un respeto especial por lo que hacen con respecto a la educación.

Ustedes han estado a la vanguardia de la lucha por estándares académicos más altos en nuestras escuelas.  Ustedes han luchado para obtener más y mejor instrucción y apoyo para los estudiantes que están aprendiendo inglés.  Ustedes contribuyeron para asegurar que distritos y estados adoptaran un índice común para calcular la tasa de graduación de la secundaria, y asegurar que fuera comunicada por raza y origen étnico, lo que ha ayudado a demostrar la desigualdad en nuestras escuelas de manera que no le echemos la culpa a nadie por esa situación, ¡y nos dispongamos a solucionar el problema!

Ustedes se han propuesto crear escuelas comunitarias de alta calidad para los estudiantes latinos, como lo soñaba Raúl Yzaguirre. Y en la actualidad, NCLR y la Fundación Gates son aliados en la reforma de nuestro sistema de educación, colaborando estrechamente para crear escuelas en las que todos los alumnos puedan aprovechar al máximo su talento.

Los valores que motivan a NCLR son los mismos que inspiran a nuestra fundación. Compartimos la misma convicción apasionada de que todas las vidas tienen el mismo valor.

Sin embargo, hoy, en muchas escuelas públicas, se sigue tratando a algunos alumnos como si sus vidas tuvieran un gran valor, y a otros como si las suyas no tuvieran valor alguno. Ésta es una situación vergonzosa y desgarradora. Pero esta realidad está comenzando a cambiar.
 
El presidente Obama ha hecho patente su compromiso de educar "a cada niño, en cada rincón  de los Estados Unidos". El Congreso ha aprobado un paquete de estímulo con miles de millones de dólares dedicados a la causa de la reforma escolar. Y están surgiendo nuevas alianzas y nuevas ideas están cobrando fuerza con este propósito. El día por el que tanto hemos luchado está cada vez más cerca.  

Creo que si entre todos nos esforzamos todavía más, podremos derribar las viejas barreras que han impedido el éxito de nuestros niños durante generaciones.  De eso precisamente quiero hablarles hoy.

El pasado otoño, Bill y yo viajamos a la frontera, específicamente al Condado de Hidalgo, en Texas, al norte del Río Grande.  Fuimos invitados por un grupo de personas cálidas y maravillosas que viven en una colonia. Allí nos reunimos bajo un árbol, en el patio de la casa de una de las familias, y participamos en una reunión comunitaria.

Nuestros anfitriones comenzaron invitando a todos a unirse a ellos en la Oración del campesino en la lucha, esa plegaria lírica escrita por César Chávez, que termina con estas palabras: "Así podemos cambiar el mundo".

Luego, las madres y los padres hablaron con nosotros acerca de cómo cambiar el mundo, comenzando por sus hijos. Todos dijeron que querían que sus hijos e hijas se graduaran de la secundaria y cursaran estudios universitarios. Ellos saben que éste es el camino a una vida mejor.

Pero una de las madres me dijo que tiene dos hijas jóvenes que no pueden hablar ni leer en inglés, a pesar de que han asistido varios años a la escuela en Estados Unidos. Otra madre acababa de recibir una carta del distrito escolar, comunicándole que la escuela primaria a la que acuden sus hijos no cumple con los estándares académicos estatales, pero no le ofrecieron otras opciones.

Muchas de esas madres y padres están preocupadas por las presiones económicas que obligan a los estudiantes a abandonar la escuela y trabajar en empleos con bajos salarios. E incluso los alumnos más brillantes, dijeron los padres, pierden la motivación de obtener buenos resultados académicos en la secundaria si no ven ante sí un camino viable a la Universidad.

Pero todas las madres y padres querían que sus hijos cursaran estudios universitarios. Y todos dijeron lo mismo: 

"Es un sueño".  "Es un sueño". 

Ese mismo día, visitamos Hidalgo Early College High School, una escuela pública extraordinaria en Mission, Texas.  Visitamos una clase de inglés de 11vo grado, en la que estaban leyendo  Las brujas de Salem (The Crucible) y La letra escarlata (The Scarlet Letter).   Cada alumno de aquella clase hablaba inglés como su segundo idioma, y cada uno de ellos tenía planeado tomar el examen de inglés de Ubicación Avanzada (AP), que es un examen para recibir créditos universitarios.

Almorzamos con algunos alumnos, y les pregunté qué es lo que distinguía a su escuela. Ellos me respondieron: "Si tenemos problemas, siempre podemos obtener ayuda adicional de nuestros compañeros o del profesor. Aquí nos sentimos como en familia".

Posteriormente nos reunimos con padres que también eran miembros de la junta escolar local, los cuales nos dijeron: "Cada reunión que hacemos se centra en cómo eliminar los obstáculos para que nuestros hijos puedan ir a la universidad".

La diferencia entre las familias de la colonia y las familias de Hidalgo no es cuestión de quién desea un futuro mejor para sus hijos. Es lo que todos ellos desean. Tampoco es cuestión de riqueza ni de privilegio. Ninguno de ellos los tiene. Es cuestión de oportunidad. No es necesario sembrar la semilla de la aspiración. Sólo tenemos que ayudar a eliminar obstáculos y enseñarles el camino.

Todos los presentes en este salón sabemos que la preparación que reciben los alumnos en la secundaria no tiene la calidad suficiente. Tenemos que crear una sociedad con la expectativa de que todos los estudiantes continúen sus estudios después de la secundaria y obtengan un diploma, ya sea un certificado, un diploma de asociado, o un diploma universitario.

Nos queda mucho por hacer. Conocí a un estudiante latino en California que formaba parte de un grupo cuya meta es promover la enseñanza superior para alumnos de bajos ingresos. El joven viajó al capitolio de su estado, donde un legislador le dijo: "Si vas a la Universidad, ¿quién va a arreglarme el coche"? Espero que nadie le arregle su coche, porque ¡ese legislador no merece volver al Capitolio a votar por nada!

Si vamos a cambiar la cultura de la sociedad para que todos los estudiantes se motiven a culminar sus estudios universitarios, entonces tendremos que cambiar también la cultura de las universidades.

En la actualidad, la política de numerosas instituciones postsecundarias se enfoca en las necesidades de los estudiantes universitarios tradicionales: jóvenes matriculados a tiempo completo en instituciones residenciales de cuatro años, quienes dependen enormemente de sus padres en el aspecto financiero. Pero esto sólo se refiere al 25 por ciento de los alumnos universitarios.

¿Y qué ocurre con el 75 por ciento restante?  Son millones de jóvenes que reconocen el valor de un título universitario, pero que con frecuencia no tienen la preparación necesaria, asisten a clases a medio tiempo, tienen que trabajar para cubrir sus gastos, y con demasiada frecuencia abandonan sus estudios sin graduarse.

Los jóvenes latinos pertenecen desproporcionadamente a este 75 por ciento. 

Es necesario que cambiemos este sistema. Podemos comenzar cambiando los incentivos para facilitar que más alumnos completen sus estudios universitarios. En estos momentos, la mayoría de las instituciones de educación superior recibe pagos cuando los alumnos se matriculan. Si se les pagara a las escuelas un porcentaje de la colegiatura sólo cuando un alumno termina un año u obtiene un título, entonces esas escuelas se esforzarían más en ayudar a que los alumnos completaran sus carreras.

Hay varios programas realizados en estados que van desde Washington a Nueva York que se crearon con las necesidades del alumnado actual en mente. Estos programas eliminan un gran obstáculo con respecto a la culminación de la carrera, permitiendo que los estudiantes puedan completar cursos remediales y al mismo tiempo obtener créditos para un diploma, de manera que pueden terminar su carrera universitaria con mayor rapidez. Necesitamos impulsar este tipo de innovación. Si cambiamos los incentivos, más instituciones universitarias estarían motivadas para imitar estos modelos.

Pero el cambio más importante que podemos emprender para ayudar a que los estudiantes latinos terminen sus estudios universitarios, es garantizar que todos tengan una educación que los prepare académicamente para emprender estudios universitarios. 

Según varios estudios, sólo el veinte por ciento de los latinos terminan sus estudios secundarios con la debida preparación para la enseñanza universitaria. Sólo un veinte por ciento. El promedio de calificaciones de los alumnos hispanos de 17 años están 26 puntos por debajo de los estudiantes de la raza blanca en Lectura; y 21 puntos por debajo en Matemáticas.

La educación es la clave para abrir oportunidades, pero actualmente la oportunidad no es igual para todos los alumnos.  Sabemos que cuando los estudiantes latinos obtienen una oportunidad semejante, los resultados son sorprendentes.

Uno de los mejores ejemplos son las escuelas KIPP, una de las organizaciones afiliadas a NCLR. El ochenta por ciento de los alumnos de las escuelas KIPP proceden de familias de bajos ingresos. El noventa y cinco por ciento es afroamericano o latino. Entre los alumnos de octavo grado que se han matriculado en escuelas secundarias KIPP, el porcentaje promedio de las calificaciones en Lectura aumentó del 31 al 58; y el de Matemáticas del 41 al 80.  

Estos niños se encuentran en la actualidad  por un camino totalmente diferente en la vida.

Cuando le pregunté a un grupo de maestros la razón por la cual eligieron trabajar en las escuelas KIPP y no otras escuelas públicas, una maestra latina me respondió: "Quería enseñar en una escuela donde todos tienen la convicción de que se puede ir a la Universidad, incluso si se tiene una apariencia como la mía".

En principio sus palabras me emocionaron, pero luego me enojaron. ¿Por qué razón una latina orgullosa tiene que decir: "incluso si se tiene una apariencia como la mía"?

En los Estados Unidos, cuando los maestros miren a los ojos de una joven latina, deben ver a una Secretaria del Gabinete… o a una Juez de la Corte Suprema… ¡¡¡o a la presidenta de los Estados Unidos!!!   

Es un crimen frustrar los sueños y perder el talento de un solo estudiante latino. Ir a una buena escuela y aprovechar al máximo el talento que Dios nos dio no es un privilegio; no es un honor. Es un derecho. ¡La educación es un derecho civil! Y si no se proporciona, entonces debemos exigirlo.

¿Y cómo exigir su derecho a una buena educación?  Identificando lo que marca la diferencia entre una buena y una mala educación, y exigiendo que su escuela proporcione eso que marca la diferencia.

En nuestra fundación llevamos una década financiando el cambio escolar. Hemos estudiado continuamente las escuelas excelentes, para ver en qué consiste su excelencia. Y hemos llegado a una conclusión: El factor más importante en el rendimiento escolar es la enseñanza efectiva.  Los maestros son el componente más significativo.   

Hemos trabajado con investigadores para determinar cuán grande es la diferencia que se logra con un maestro efectivo.

En un estudio realizado en mi ciudad natal de Dallas, los alumnos que tuvieron  maestros efectivos de Matemáticas mejoraron sus calificaciones en 21 puntos porcentuales. Detengámonos a considerar lo que esto significa. Si tenemos cien muchachos y los ponemos en una fila atendiendo a quién sabe más, el niño con un maestro efectivo superará a otros 21.

Una vez que aceptamos el hecho de que un maestro efectivo es el factor más importante del rendimiento académico, el éxito de la reforma escolar se centra en una pregunta: ¿Cómo garantizarle el mejor maestro a cada alumno?

Para lograrlo, necesitamos dos cosas que aún no tenemos. Primero, necesitamos un conjunto común de altos estándares para que los maestros sepan exactamente lo que necesitan aprender sus alumnos. Y necesitamos evaluar a los maestros en base a lo bien que sus alumnos están aprendiendo.

Las demás maneras de mejorar el sistema escolar – mejores sistemas de pago para los maestros, mejor currículo y pruebas para apoyar el aprendizaje, y mejor capacitación docente – derivan de estas dos.  

Cuando decimos "altos estándares", nos referimos, por supuesto, a estándares que se correspondan al nivel de enseñanza en China, Alemania o Japón. Pero los altos estándares significan mucho más que enseñarles Algebra 2 a todos los alumnos. Significa enseñarles a todos los alumnos la destreza y conocimiento necesario para tener éxito en Algebra 2, para que puedan aplicarla en diferentes aspectos de sus vidas y carreras.

El mes pasado, 46 gobernadores y altos funcionarios escolares estatales hicieron el compromiso público de crear y adoptar estándares académicos comunes en sus respectivos estados. Es un gran cambio. Será una dura batalla política, y ellos necesitan nuestro apoyo.

Necesitamos enviar este mensaje: "Estamos cansados de los dobles estándares en la educación: unos para los estudiantes tradicionales que se matricularán en la enseñanza universitaria, y otros para los demás. Necesitamos un solo grupo de altos estándares para todos los estudiantes".

Después, es necesario que evaluemos a los maestros basándonos en parte en lo que aprendan sus alumnos. Ésta es la única manera mediante la cual podemos identificar y premiar a los buenos maestros, de perfeccionar el entrenamiento para todos los maestros, y de incrementar la concentración de maestros efectivos en escuelas con alumnos de bajos recursos.

Se han emprendido varios intentos para vincular la evaluación del maestro al rendimiento del alumno. Justo el año pasado, la legislatura del estado de Nueva York aprobó una ley cuyas cláusulas dicen lo siguiente: "al maestro no se le debe otorgar ni negar un puesto en base a los datos de rendimiento de sus alumnos".

Pero independientemente de lo que se haya dicho o hecho en el pasado, el pueblo está dispuesto a entablar una nueva conversación. Y espero que podamos comenzar reconociendo algunas verdades:

  • Primero: la buena enseñanza es el componente más importante en el aprendizaje del alumno;
  • Segundo: no podemos identificar a los buenos maestros sin poder evaluar el rendimiento de sus alumnos;
  • Tercero: Hay una posibilidad de que el sistema para evaluar a los maestros en base al rendimiento del alumno puede ser arbitrario. Pero si no hay evaluación, no hay responsabilidad, ni reforma real.

Estas cuestiones pueden ser incómodas, pero no deben ser controversiales. Todas son reales. Y apuntan a otra verdad más.

La manera de superar los viejos obstáculos, es colaborar con los maestros para que ayuden a crear un sistema que ellos puedan adoptar y respaldar, que sea justo y les proporcione el apoyo necesario para asegurar que sus alumnos aprendan.
 
Este tipo de sistema, fundamentado en estándares académicos comunes, hará posible que finalmente todos los maestros tengan acceso al mejor currículo, apoyos escolares, y el mejor entrenamiento.

Por primera vez, los expertos serán capaces de crear cursos, videos y materiales de enseñanza magníficos, que podrán usar todos los maestros, independientemente de que trabajen en una escuela para familias de altos recursos en Beverly Hills, o en una escuela de bajos recursos en la frontera con México.    

Hace diez años, esto habría sido imposible. Pero los tiempos están cambiando, y se están formando nuevas alianzas. Ahora sí podemos lograrlo. 

Nuestra fundación está colaborando con maestros y distritos escolares dispuestos a crear nuevos sistemas de evaluación.  El paquete federal de estímulo económico incluye financiamiento para la creación de este mismo tipo de sistemas.

Los maestros que tengan el valor suficiente para ser líderes en esta nueva dirección van a enfrentarse a mucha oposición, y necesitan nuestro apoyo. Es hora de encontrar una manera justa de identificar, premiar y propagar la buena enseñanza.

NCLR tiene experiencia en estas cuestiones. Ustedes ayudaron a que el país tuviese a su alcance más datos acerca de sus escuelas y el rendimiento de sus alumnos. Ahora necesitamos su apoyo para obtener datos referentes al rendimiento del maestro.  Se trata de un factor clave para  poder lograr cambios mayores y a largo plazo. Ahora es nuestro momento de lograrlo.

Ustedes han afirmado durante muchos años que la educación es un derecho civil. Ahora otras personas están incorporándose a su llamado. Los líderes de diez organizaciones de derechos civiles se han afiliado a la "Campaña por la Igualdad en la Enseñanza Secundaria" ("Campaign for High School Equity") para exhortar a nuestros líderes electos a luchar por el cambio, y a respaldarlos cuando lo hagan.  La comunidad latina tiene que desempeñar un papel estelar.

El año pasado votaron diez millones de latinos, o sea, más millones que hace cuatro años. Ustedes inscribieron a más de cien mil nuevos votantes. Los candidatos que se postulan para cargos políticos recurren a ustedes en busca de su apoyo.

Y ustedes tienen el derecho a decirles a esos candidatos: "¿Quieren nuestro voto? ¿Qué están haciendo para ayudar a que los estudiantes latinos concluyan sus estudios universitarios? ¿Qué están haciendo para que haya más maestros efectivos en las escuelas de bajos recursos"? Ustedes tienen el poder de decirles: "Si ustedes apoyan a los latinos, entonces tienen que apoyar a los buenos maestros y a los altos estándares que mejoren la calidad de vida de los latinos".

Y NCLR puede decirlo para que toda la nación escuche.   Dudo que, en la actualidad, nadie más que ustedes puede hacerlo.

Permítanme concluir con la historia de Sylvia, una niña de 9 años. Sylvia vivía en California y estaba tratando de matricularse en una escuela pública cerca de su casa. Pero la escuela le dijo: "No", porque era latina.

Su padre dijo: "La ley dice que ella se puede matricular".

Y la escuela le dijo: "No. No puede matricularse".

Y el padre dijo: "Veamos lo que dice el juez".

Y fueron a la corte. Y la escuela le dijo al juez: "Ella no puede aprender tanto como los niños blancos".

Y el padre dijo: "Sí. Ella puede".

Y el juez dijo: "Veamos qué nos dice Sylvia".

Entonces los abogados la interrogaron para ver cuán lista era. Después de escuchar a Sylvia, el juez dio su veredicto con respecto a la pregunta de que si los niños hispanos pueden aprender tanto como los blancos, y de que si los niños hispanos podían ir a la misma escuela que los niños blancos.

Y dijo: "Sí, se puede".

Y Sylvia fue a la escuela con los niños blancos.  Aunque académicamente la niña obtuvo buenos resultados, le resultaba muy duro en el aspecto social. Y le preguntó a su padre: 

"Papá: esos niños son malos conmigo. ¿Por qué tengo que ir a esa escuela"?

Y el padre le respondió: "Porque yo luché para que estudiaras allí".

Eso ocurrió hace sesenta años. Se trata del caso Méndez contra Westminster, cuyo veredicto abrió las puertas de las escuelas a los niños latinos de California, y sentó un precedente judicial para el caso Brown contra la Junta de Educación. El padre de Sylvia Méndez estaba luchando por un millón de niños.

Ahora nos toca a nosotros. Estos son nuestros hijos. Es necesario garantizar que tengan los mejores maestros y las mejores escuelas. Necesitan cursar estudios universitarios. Necesitan tener un título universitario. No les falta ambición. No les falta talento. Les falta el camino. Abrámosles el paso por ese camino. Es su derecho. La educación es su derecho civil. Luchemos entonces para que se la otorguen.

Muchas gracias.

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