Nuestra causa

Acción en casos de emergencia

Estrategia

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Nuestro objetivo:

mitigar el sufrimiento y salvar vidas en las regiones azotadas por catástrofes naturales y en situaciones complejas de emergencia.

El reto

A grandes rasgos

Estos últimos diez años ha habido más de 300 catástrofes naturales anuales. Estas provocaron, solo en el 2011, más de 30 000 víctimas mortales y 244 millones de afectados, y se calcula que el costo económico fue de unos 366 000 millones de dólares.

Nuestras subvenciones contribuyen a las operaciones de socorro que surgen como respuesta a las catástrofes de aparición repentina, como los huracanes y los terremotos, las de gestación lenta, como las hambrunas y las sequías, y las situaciones complejas de emergencia aguda, como las relacionadas con los altercados y la violencia políticos.

Los organismos de socorro a los que damos nuestro apoyo distribuyen alimentos y agua limpia, mejoran el saneamiento, ofrecen atención médica y refugio, evitan o mitigan los brotes infecciosos, gestionan los programas de dinero por trabajo y brindan otros servicios para hacer frente a necesidades acuciantes.

También forman parte de nuestra estrategia las inversiones a largo plazo para ayudar tanto a que nuestros asociados mejoren la celeridad y el rendimiento de las operaciones de socorro como a que las comunidades estén mejor preparadas para las catástrofes.

Nuestra estrategia de acción en casos de emergencia, actualizada en el 2012, es liderada por Valerie Nkamgang Bemo, responsable principal de programa, y se enmarca en la División de Desarrollo Mundial de la Fundación.

Casi todos los días surgen nuevas emergencias, que afectan a miles de comunidades en todo el mundo y dejan tras de sí a gente necesitada de ayuda para sobrevivir y recuperarse. Aunque hay algunas emergencias, como el terremoto de Haití o las inundaciones del monzón de Pakistán, a las que se les da gran cobertura, muchas otras apenas tienen repercusión mediática y son casi desconocidas por el gran público. Estas emergencias pueden aparecer no solo de manera repentina, como las catástrofes naturales o los brotes infecciosos, sino también tras una gestación lenta, como la escasez alimentaria, la sequía, o la violencia por razones de género y el desplazamiento de población a raíz de guerras y disturbios.

Oportunidades

En una emergencia, la rapidez con la que llega la ayuda puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte. Un apoyo financiero inmediato permite a los organismos de socorro y organizaciones locales que se encargan de la respuesta inicial prestar auxilio en el plazo de unos pocos días, justo cuando mayores son las necesidades y más fundamental resulta que la respuesta sea inmediata.

Las emergencias de gestación lenta, como las crisis alimentarias provocadas por la sequía, también exigen apoyo específico para que las personas puedan recuperarse y dotarse de una mayor resistencia con vistas a futuras adversidades.

Nuestra estrategia

El programa de acción en casos de emergencia de la Fundación Bill y Melinda Gates aspira a disminuir el sufrimiento, la enfermedad y las muertes en los países víctimas de catástrofes naturales y que atraviesan situaciones complejas de emergencia. Además de actuar directamente en casos de emergencia, ya a más largo plazo tenemos una estrategia de ayudar tanto a nuestros asociados a mejorar la celeridad y el rendimiento en esas primeras horas fundamentales de emergencia como a las comunidades a estar mejor preparadas para las catástrofes y recuperarse más rápidamente tras ellas.

No son pocos los años en los que hemos tenido que actuar frente a decenas de emergencias; podemos citar, entre otras, inundaciones en Nigeria, tempestades tropicales en Vietnam, sequía en la región subsahariana del Sahel, brotes de cólera en Sierra Leona, terremotos en Guatemala y desplazamiento interno en la India nororiental.

Ámbitos de actuación

Acción directa en casos de emergencia

Mediante subvenciones, ayudamos a nuestros asociados en su actuación frente a tres grandes tipos de emergencias:

  • Emergencias de aparición repentina. La mayor parte del financiamiento dedicado a emergencias se vehicula como subvenciones de urgencia para hacer frente a catástrofes de gran repercusión. En un plazo de entre 24 y 48 horas, aprobamos el financiamiento a asociados seleccionados y de fiabilidad contrastada que disponen de la capacidad para dar una respuesta eficaz a nivel nacional y local. Así, por ejemplo, dos días después del terremoto de Haití del 12 de enero del 2010, concedimos un millón de dólares a Catholic Relief Services (CRS) para que pudiera ofrecer inmediatamente refugio, alimentos, agua, saneamiento, atención médica y otros servicios. Un día después, concedimos 500 000 dólares a Partners In Health (PIH) para la prestación de servicios médicos inmediatos y a medio plazo a través de los diez establecimientos de salud y clínicas móviles de que dispone en Haití y para la distribución de suministros médicos, tiendas, mantas, agua y otros productos de primera necesidad.
  • La sequía y la hambruna en Somalia han obligado a cientos de miles de personas a buscar refugio en Etiopía.

    Emergencias de gestación lenta. La sequía y la hambruna son dos ejemplos de este tipo de emergencias que combatimos en colaboración con nuestros asociados. Por ejemplo, en el 2011, concedimos más de ocho millones de dólares en subvenciones para apoyar las operaciones de socorro frente a la sequía y hambruna que asolaban el Cuerno de África. Estas subvenciones se concedieron a distintos asociados con una larga experiencia en la región: la Organización Mundial de la Salud, Mercy Corps, International Medical Corps, Oxfam America, International Rescue Committee y Save the Children. Desde el 2010, también hemos concedido subvenciones importantes para hacer frente a la sequía y la crisis alimentaria en la región subsahariana del Sahel.
  • Situaciones complejas de emergencia. Para incluirse en esta categoría, una emergencia debe tener algún tipo de conflicto añadido, a menudo con fuerzas políticas y militares implicadas y unos sistemas estatales en proceso de resquebrajamiento; en algunos casos, el origen de todo esto son fenómenos naturales. Muchas de nuestras subvenciones se dedican a la ayuda de socorro (como alimentos, agua, atención de la salud y refugio) en regiones asoladas por los conflictos. A finales del 2012, por ejemplo, concedimos una subvención de un millón de dólares al Comité Internacional de Rescate (International Rescue Committee) para que actuara ante la crisis humanitaria de la República Democrática del Congo, donde el conflicto armado ha provocado desplazamiento de población, muertes de civiles y violencia por razones de género.

Fortalecimiento de las organizaciones asociadas

Contribuimos a una actuación más eficaz ante las emergencias mediante el desarrollo y la divulgación de enfoques que realmente funcionen. En estos momentos tenemos proyectos piloto en Bangladesh, la India, Indonesia, Bolivia, Níger, Nigeria y el Cuerno de África.

También supervisamos las subvenciones concedidas para recopilar información sobre los modelos y las prácticas que tienen éxito y para rellenar las importantes lagunas que tiene hoy en día la investigación sobre la recuperación de las emergencias. Por ejemplo, varios meses después del terremoto de Haití, concedimos más de 760 000 dólares a la Universidad Tulane para la realización de un estudio de evaluación de la acción humanitaria tras la catástrofe. Por el momento, entre otras conclusiones, se ha señalado la necesidad de una mayor coordinación entre, por una parte, las organizaciones internacionales de socorro y, por otra, los líderes y las instituciones en el ámbito local y nacional, así como de más medidas para combatir la violencia por razones de género tras una catástrofe.

A principios del 2012, concedimos una subvención de 5 millones de dólares a la Universidad Tulane para que creara el programa de liderazgo en resistencia ante las catástrofes, un instrumento para que las universidades de las regiones de Asia y África más proclives a las catástrofes puedan diseñar programas de planificación para casos de catástrofes, de reducción de riesgos, y de liderazgo en materia de actuación en caso de emergencia.

En el 2009, concedimos 2,5 millones de dólares a BRAC, una ONG internacional, para mejorar la acción en casos de emergencia en Bangladesh. BRAC ha creado un modelo muy exitoso en el que destacan la existencia de procedimientos formales de acción en casos de emergencia, la capacitación de más de 400 000 personas para que capaciten a su vez a otros miembros de sus comunidades, y un método agilizado para la autorización presupuestaria y la toma de decisiones que permite el uso inmediato en el seno de la organización de los fondos para casos de emergencia.

En el 2008, concedimos una subvención de cinco millones de dólares a lo largo de cinco años a CARE para apoyar el proyecto de Fortalecimiento de capacidades de emergencia, un esfuerzo conjunto de seis de las principales organizaciones humanitarias mundiales (CARE, CRS, Mercy Corps, Oxfam GB, Save the Children y Visión Mundial) para alcanzar una mayor velocidad, calidad y eficacia a todos los niveles en su acción en casos de emergencia.

También financiamos Oxfam en Centroamérica y a su asociado local PROVIDA en su labor de evaluar, además de capacitar en gestión técnica y financiera, a doscientas organizaciones encargadas de la respuesta inicial en El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua. 

Estudio de iniciativas

Cámara frigorífica de vacunas en Yamena (Chad)

Nuestro programa de acción en caso de emergencia colabora de manera habitual con otros programas de la Fundación en el desarrollo y estudio de enfoques innovadores en la ayuda en casos de catástrofe, como nuevas herramientas y tecnologías. Por ejemplo, hemos colaborado con el programa de Agua, saneamiento e higiene en nuevas tecnologías para el saneamiento en zonas de inundación, como la región del Dakar en Senegal; con el programa de suministro de vacunas hallando maneras de almacenar y distribuir vacunas contra la poliomielitis y el cólera en Chad, y con el programa de servicios financieros para poblaciones pobres en la puesta en marcha de la banca móvil en Haití, donde el terremoto del 2010 arrasó más de un tercio de la infraestructura bancaria.

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