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Carta Anual 2013

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Medir el avance realizado

Podemos aprender mucho sobre cómo mejorar el mundo en el siglo XXI a partir de un ícono de la era industrial: la máquina de vapor.

En las vacaciones, leí The Most Powerful Idea in the World (La idea más poderosa del mundo), una crónica brillante narrada por William Rosen sobre las tantas invenciones que se necesitaron para llegar a la máquina de vapor. Entre las más importantes, estaba una nueva forma de medir la cantidad de energía generada por los motores y un micrómetro llamado "Lord Chancellor", capaz de medir distancias diminutas.

Según escribe Rosen, tales herramientas de medición hicieron posible que los inventores pudieran comprobar si los cambios incrementales que hacían en sus diseños se traducían en las mejoras necesarias (mayor calidad en las piezas, mejor rendimiento y menor consumo de carbón) para construir mejores motores. Las innovaciones logradas en la generación de vapor nos enseñan una importante lección: si no se cuenta con la información que proporciona una medición precisa, señala Rosen, el invento está "predestinado a ser algo raro y errático". Con esa información, el invento se vuelve algo ”normal”.

A partir de alrededor de 1805, el micrómetro “Lord Chancellor” fue, según el autor William Rosen, una “Excalibur de la medición que mató al dragón de la imprecisión”, para los inventores de la Revolución Industrial.

Por supuesto que el trabajo de nuestra Fundación no tiene absolutamente nada que ver con la producción de máquinas de vapor. Pero, en el último año, me sorprendió una y otra vez la importancia que tiene la medición para mejorar las condiciones en que viven las personas. Uno puede lograr un avance increíble con solo establecer una meta clara y encontrar una manera de medir lo hecho de tal manera que permita impulsar el avance hacia esa meta: en un bucle de retroalimentación similar al descrito por Rosen. Esto puede sonar bastante básico, pero me resulta sorprendente la frecuencia con que no se hace y lo difícil que es hacerlo bien.

Me ha sorprendido una y otra vez la importancia que tienen las mediciones para ayudar a que las personas vivan mejor.

En cartas anuales anteriores, me centré mucho en el poder de la innovación para reducir el hambre, la pobreza y la enfermedad. Pero cualquier innovación, ya sea que se trate de una nueva vacuna o de una semilla mejorada, no tendrá efecto alguno a menos que llegue a la gente que podrá beneficiarse con ella. Es por eso que en la carta anual de este año, me propuse plantear cómo las innovaciones en las maneras de medir son críticas para encontrar modos nuevos y eficaces de acercar esas herramientas y servicios a las clínicas, las granjas familiares y las aulas que los necesitan.

Viendo más de cerca los cuadros que documentan las mejoras en salud en áreas rurales en el puesto de salud de Germana Gale en Etiopía. En el último año, me ha impresionado el avance que se ha logrado en el uso de los datos y las mediciones para ayudar a que las personas vivan mejor (Dalocha, Etiopía, 2012).

Nuestra Fundación apoya estas iniciativas, pero tanto nosotros como otras personas necesitamos hacer mucho más que eso. Debido a lo ajustado de los presupuestos en todo el mundo, los gobiernos exigen, con razón, que los programas que financian demuestren ser eficaces. Para responder a esas demandas, necesitamos mejores herramientas de medición que nos permitan determinar qué enfoques funcionan y cuáles no.

En esta carta, resaltaré ejemplos significativos que he visto el último año que demuestran de qué modo las mediciones pueden marcar la diferencia. En Colorado, Melinda y yo aprendimos cómo un distrito escolar está probando un nuevo sistema para medir y promover la efectividad de los maestros. En Etiopía, fui testigo de cómo un país pobre, al intentar alcanzar las metas establecidas por Naciones Unidas, logró entregar mejores servicios de salud a su gente. En Nigeria, he visto cómo la revolución digital nos permite mejorar el uso de las mediciones en la campaña para erradicar la polio. Valiéndonos de teléfonos celulares, satélites y sensores económicos, podemos reunir y organizar datos con mayor velocidad y precisión. Estos Lord Chancellors modernos también ayudarán a acelerar el progreso en la educación y en la agricultura, así como en otras campañas de salud.

La tarjeta de puntuaciones del mundo

Ocho metas que intentan mejorar la vida de la gente más pobre del mundo han renovado el enfoque sobre las prioridades más altas en las áreas de salud y desarrollo.

Como Director de UNICEF en la década de 1980, Jim Grant inició un movimiento global para aumentar la cantidad de niños vacunados contra enfermedades mortales. Aquí se lo ve sosteniendo a un niño que fue separado de sus padres durante el genocidio de 1994 (Nyamata, Rwanda, 1994). ©UNICEF

Para una empresa, generar mayores ganancias es su objetivo principal. La gerencia decide las acciones que se realizarán, tales como mejorar la satisfacción de los clientes o agregar nuevas capacidades de productos, con el objeto de incrementar las ganancias y, luego, desarrolla un sistema que permita medir esas acciones y resultados con regularidad. Si los gerentes eligen indicadores equivocados o no hacen las cosas mejor que su competencia, las ganancias caen. Las revistas de negocios y las escuelas de negocios analizan los indicadores empleados por las empresas, así como qué empresas han tenido resultados particularmente buenos o malos. Otras empresas se benefician con estos análisis, al saber, a partir del rendimiento que ha tenido su competencia, cuáles son las tácticas y estrategias que funcionan y cuáles no. El entendimiento de cómo deben usarse las mediciones para impulsar la excelencia en los negocios ha mejorado notoriamente a lo largo de los últimos 50 años.

Las Metas de desarrollo del milenio se han convertido en una tarjeta de puntuaciones que muestra el avance que el mundo está haciendo (o no) respecto de los principales problemas que afectan a los más necesitados.

A diferencia de los negocios, donde las ganancias representan la meta indiscutible, los programas de las fundaciones y los gobiernos eligen sus propias metas. En los Estados Unidos, nuestra Fundación se enfoca mayormente en mejorar la educación; por eso, nuestras metas incluyen reducir la cantidad de adolescentes que abandonan la escuela secundaria. En los países pobres, nos centramos en la salud, la agricultura y la planificación familiar. Una vez establecida la meta, uno decide qué variable clave debe cambiar para lograr el resultado deseado. En este sentido, se parece a la manera en que una empresa elige sus objetivos internos, como la satisfacción del cliente, y prepara un plan para hacer cambios y una manera de medir tales cambios. Se usan las mediciones como una manera de obtener información que indique dónde deben hacerse ajustes. Creo que muchos emprendimientos fallan porque no se centran en la medición correcta o porque no invierten lo suficiente en hacerlo de manera precisa.

En mi opinión, el mejor ejemplo de cómo elegir un objetivo importante y emplear las mediciones para lograrlo es la campaña de vacunación que UNICEF hizo bajo el mando de Jim Grant en la década de 1980. Poca gente ha oído hablar de Grant, pero su impacto en el mundo ha sido tanto o más importante que el logrado por cualquiera de los líderes que actuaron en busca de mejores ganancias, tales como Henry Ford o Thomas Watson.

Grant fijó la ambiciosa meta de hacer que el 80 por ciento de los niños del mundo tengan acceso a vacunas que pueden salvarle la vida. Eso no era nada fácil en los países pobres en una época en que una máquina de fax era la herramienta de comunicación más avanzada. Pero Grant logró implementar un excelente sistema para reunir datos: él fue capaz de impulsar el cambio. Pudo ver qué países habían logrado aumentar sus índices de población protegida por la vacunación, y usó esos datos para ayudar a que otros países hicieran lo mismo. Los países que quedaban rezagados en los indicadores se sentían avergonzados por eso; y asignaron más recursos y pusieron más atención para resolver el problema de lo que habrían hecho antes de disponer de esta información. Gracias al esfuerzo de Grant y a las miles de personas abocadas a las campañas de vacunación, el porcentaje de bebés que recibió las vacunas necesarias en todo el mundo creció de un 17 por ciento en 1980 a un 75 por ciento en 1990, lo que logró salvar millones de vidas cada año.

Lamentablemente, algunos de esos logros no duraron mucho. Una vez alcanzada la meta de vacunación, la atención de los donantes cambió de rumbo y los índices de cobertura de la vacunación cayó en muchos países.

Pero el espíritu de Grant estuvo detrás del acuerdo que se firmó en Naciones Unidas en el año 2000 para centrar el trabajo de los estados miembros en ocho metas que apuntaban a mejorar la vida de las personas más necesitadas del mundo. Esos objetivos, que se conocieron con el nombre de las Metas de desarrollo del milenio ("MDG", por su sigla en inglés), fueron apoyados por 189 naciones, y Naciones Unidas fijó el año 2015 como el plazo para lograrlos. Esa fue la primera vez que se eligieron metas que requerían un porcentaje específico de mejora en diferentes ámbitos cruciales, tales como salud, educación e ingresos básicos. Muchas personas supusieron que el pacto se archivaría y caería en el olvido, como ha sucedido con muchos otros pronunciamientos de los gobiernos y Naciones Unidas. No obstante, dado que las metas eran claras y concretas, lograron poner sobre el tapete las prioridades más importantes. Los organismos de Naciones Unidas, los países donantes y los países en vía de desarrollo analizaron qué programas permitirían conseguir las metas con el menor costo posible. Vieron que muchos programas no lograban el resultado deseado en forma efectiva. Comenzaron a exigir una evaluación más rigurosa para medir la eficacia. En algunos casos, las metas se usaron para persuadir a los países de que trabajaran sobre políticas favorables para los más necesitados.

A medida que el año 2015 se acerca, el mundo observa, expectante, cómo están yendo las cosas en relación con esas metas. Si bien no vamos a lograrlas todas, hemos hecho avances increíbles, y esas metas se han convertido en una tarjeta de puntuaciones que indica cuál es el desempeño del mundo en cuanto a solucionar los problemas importantes que afectan a la gente con menos recursos. La meta MDG de reducir la pobreza extrema a la mitad se ha alcanzado antes de la fecha límite, al igual que la meta de bajar a la mitad la proporción de gente sin acceso al agua potable. Las condiciones de vida de más de 200 millones de habitantes de barriadas marginadas también han mejorado en un valor que duplica el objetivo original planteado. No obstante, algunas de las metas se definieron de manera tan ambiciosa que no se lograrán. Por ejemplo, si bien hemos reducido la cantidad de madres que mueren al dar a luz en casi un 50 por ciento, lo cual es increíble, no podremos alcanzar una reducción del 75 por ciento en estos casos.

Tampoco podremos cumplir una de las metas más críticas que es reducir en dos tercios la cantidad de niños que mueren antes de los cinco años de edad. Hemos obtenido un avance significativo. La cantidad de niños que mueren ha bajado de casi 12 millones en 1990 a 6,9 millones en 2011. Si bien eso significa que 14 000 niños menos en el mundo mueren cada día en comparación con 1990, no llegaremos a la meta de los dos tercios para el año 2015.

Aun así, muchos países individuales están bien encaminados para alcanzar este objetivo. Uno de estos países es Etiopía, que empleó las Metas de desarrollo del milenio para hacer una reestructuración general de su sistema de atención médica primaria, lo cual les permitió obtener una marcada reducción en el número de muertes infantiles.

Vacunas que mejoran la vida de los niños de Mozambique

Margarida Matsinhe con personal médico y pacientes en el centro de salud de Mozambique (Maputo, Mozambique, 2013).

Metas globales, cambio local

El compromiso de lograr ambiciosos objetivos en la salud pública y un nuevo sistema de salud comunitario ayudaron a que Etiopía redujera drásticamente las muertes infantiles.

Recuerdo las perturbadoras imágenes de Etiopía en la década de 1980, cuando más de un millón de personas murieron en una hambruna que asoló el Cuerno de África. Fue una tragedia que el concierto de Live Aid de 1985 puso en el ojo de la atención mundial y fue parte de un largo período de guerra, crisis política e inestabilidad para los etíopes. Su país se encontraba en el piso de casi todos los indicadores de salud, incluyendo la mortalidad infantil.

El hambre, la guerra y la crisis política en Etiopía hizo que cientos de miles de personas se quedaran sin sus hogares en la década de 1980, lo que convirtió a este país en el centro de fondos y asistencia provenientes del mundo entero (Etiopía, 1984-1985). ©Corbis, Chris Rainier

Hace alrededor de una década, ese panorama comenzó a cambiar; en parte, gracias a la meta que se impuso su propio gobierno de brindar atención médica primaria a todos los ciudadanos etíopes. Cuando Etiopía firmó para participar de las Metas de desarrollo del milenio en el año 2000, el país tradujo en número concretos sus ambiciones en el área de la salud. El objetivo específico planteado por las Metas de desarrollo del milenio de reducir la mortalidad infantil en dos tercios marcó claramente el número que debía alcanzarse para poder decir que se había tenido éxito en esa meta. El compromiso de Etiopía con las Metas de desarrollo del milenio atrajo cantidades de donaciones en dinero nunca vistas para ayudar a mejorar sus servicios de atención médica primaria.

Etiopía encontró un modelo exitoso para lograr esta meta en el estado indio de Kerala, que había podido bajar su tasa de mortalidad infantil y había mejorado muchos otros indicadores de salud, en parte, gracias a una vasta red de puestos de atención médica comunitaria. Este es uno de los beneficios que se obtienen al medir el trabajo: da a los gobiernos la capacidad de hacer comparaciones entre los diferentes países, saber a quiénes les está yendo bien y, luego, aprender de los mejores. Con ayuda de representantes de Kerala, Etiopía lanzó su propio programa de salud comunitaria en el año 2004.

Hoy en día, Etiopía cuenta con más de 15 000 puesto de salud que brindan atención médica primaria en los rincones más remotos de este país rural que tiene 85 millones de habitantes. Estos puestos están atendidos por 34 000 trabajadores de la salud, la mayoría de los cuales son mujeres de las mismas comunidades que atienden, y que cuentan con la preparación de un año de capacitación básica en salud.

En el año 2009, Melinda viajó a Etiopía y vio cómo estas reformas en el campo de la salud estaban transformando el país. Allí donde los servicios de salud antes no existían, ahora las áreas rurales tenían centros médicos, con vacunas y medicamentos. Allí donde había escasa experiencia local en salud, Melinda vio que ahora los trabajadores de la salud sabían recibir a los bebés en el parto, sabían aplicar vacunas y sabían guiar la planificación familiar.

Tuve la oportunidad de ver esos avances por mí mismo en mi primer viaje a Etiopía en marzo pasado. Al conducir por las zonas rurales, me di cuenta del desafío que Etiopía enfrenta al intentar conectar a su pueblo con el sistema de salud. La Etiopía rural se compone de vastas zonas de tierra cultivable: un 85 % de la población sobrevive con lo que obtiene del cultivo de parcelas de menos de dos acres (0,8 hectáreas) conectadas por caminos, en ocasiones muy accidentados. Camino al puesto de salud de Germana Gale, vi pilas de tef, un grano que se usa para hacer el esponjoso pan plano típico de Etiopía, y vi a la gente caminando en todos lados. Había pocos vehículos, incluso pocas bicicletas.

El puesto, un edificio de cemento de un color verde deslucido, era más grande de lo que imaginé que sería, y era evidente que los trabajadores cuidaban muy bien de ese lugar. En el interior, dos trabajadores de la salud me mostraron un gabinete muy bien abastecido de las herramientas necesarias para su trabajo, incluyendo ácido fólico, suplementos de vitamina A y medicamentos para tratar la malaria.

En los puestos de salud en Etiopía, un meticuloso archivo de registros, que incluye carpetas con el seguimiento de la salud de los recién nacidos, ha ayudado a que el país redujera la mortalidad infantil y aumentara la cobertura de las campañas de vacunación (Dalocha, Etiopía, 2012).

Estos trabajadores brindan la mayoría de los servicios en el puesto, aunque también visitan a domicilio a las mujeres embarazadas y a la gente enferma. Aseguran que cada casa tenga acceso a un tul que rodee la cama a fin de proteger a la familia contra la malaria, una letrina de fosa, capacitación en primeros auxilios y otras prácticas básicas de salud y seguridad. Una de las trabajadoras de la salud, me comentó que ya había atendido 41 partos ese año, y que la mayoría se habían hecho en la casa de la gente.

Todas estas intervenciones son muy básicas y, sin embargo, han mejorado notoriamente la vida de los habitantes de este país. La muerte infantil ha disminuido. Al igual que la cantidad de mujeres que mueren al dar a luz. Son más las mujeres que tienen acceso a anticonceptivos para planificar si desean y cuándo desean tener hijos. Melinda se ha estado ocupando de que la Fundación fortaleciera su compromiso con la planificación familiar (pueden ver su artículo a continuación).

Los invito a pensar en la historia de una joven madre de Dalocha. Sebsebila Nassir nació en 1990, sobre el piso de tierra de la choza en la que vivía su familia. Con escaso acceso a las vacunas esenciales o a la atención médica básica, en ese momento, alrededor del 20 por ciento de todos los niños de Etiopía no llegaban a vivir hasta su quinto cumpleaños. Dos de los seis hijos de Sebsebila murieron siendo bebés.

Las iniciativas implementadas por Etiopía en temas de salud lograron reducir la mortalidad infantil en más de un 60 por ciento desde 1990.

Pero, hace unos pocos años, cuando se abrió un puesto de salud en Dalocha, la vida comenzó a cambiar. Por primera vez, tuvo acceso a los anticonceptivos, con lo que podría tener hijos cuando ella y su esposo estuvieran listos. Cuando ese momento llegó el año pasado y Sebsebila quedó embarazada, tuvo chequeos regulares con su trabajadora de la salud. También la alentaron a que tuviera el bebé en el centro de salud local, en lugar de tenerlo en su casa, donde dio a luz a su primera hija.

El 28 de noviembre, el día que Sebsebila entró en trabajo de parto, viajó hasta el centro de salud en un carro tirado por un burro. Allí, una partera estuvo junto a su cama durante las siete horas que duró su trabajo de parto. Poco después de nacer, a su hija le aplicaron las vacunas contra la polio y contra la tuberculosis. La trabajadora de la salud también le dio a Sebsebila una libreta de vacunación con un cronograma para que su hija recibiera vacunas que la protegieran contra la difteria, el tétanos, la tos ferina, la hepatitis B, la meningitis, la neumonía y el sarampión.

Nuria Ali, una trabajadora de la salud comunitaria, le enseña a Sebsebila Nassir a cuidar de su hija recién nacida, Amira (Dalocha, Etiopía, 2012).

En la parte superior de la libreta de vacunación, había un espacio en blanco para colocar el nombre de su bebé. Según la costumbre etíope de hace muchos años, los padres esperaban para ponerle un nombre a su bebé porque, no habiendo control sobre las enfermedades y con escasa atención médica, los niños solían morir en las primeras semanas de vida. Sebsebila no tuvo su propio nombre hasta varias semanas después de haber nacido. Y, cuando nació su primera hija hace tres años, siguió la tradición y esperó un mes para ponerle un nombre, ante el temor de que su bebé no sobreviviera.

Pero, las cosas han cambiado mucho en Etiopía desde que nació esa primera bebé de Sebsebila. Esta vez, con más confianza en las posibilidades de supervivencia de su nueva bebé, Sebsebila no dudó en ponerle un nombre. En la parte superior de su libreta de vacunación, colocó "Amira", que significa "princesa" en árabe. Este optimismo recién descubierto de Sebsebila no es un caso aislado. Las campañas que Etiopía llevó a cabo en cuestiones de salud lograron reducir la mortalidad infantil en más de un 60 por ciento desde la década de 1990, lo que ha puesto al país en buena posición para poder alcanzar esta importante meta de desarrollo del milenio para el año 2015. También les ha dado a muchos padres la confianza necesaria para poder ponerles nombres a sus hijos el mismo día en que nacen.

Las historias de logros como este subrayan la importancia de establecer metas y medir el avance que se hace en pos de alcanzarlas. Hace una década, no había registro oficial del nacimiento o la muerte de una criatura en la zona rural de Etiopía. En el puesto de salud de Germana Gale, vi cuadros con cifras de vacunación, casos de malaria y otros datos de salud pegados en las paredes. Cada indicador tenía una meta anual y una meta trimestral. Toda esta información ingresa en el sistema de información del gobierno para generar informes con regularidad. Los funcionarios del gobierno se reúnen cada dos meses para repasar los informes y ver qué cosas están funcionando y qué cosas necesitan modificarse.

Sin embargo, a pesar de que las mediciones o los indicadores son críticos para lograr avances en la salud pública mundial, es muy difícil hacerlo bien. Es necesario medir con precisión, y también crear un entorno en el que los problemas puedan debatirse abiertamente a fin de poder evaluar cuáles son las acciones que sirven y cuáles no. El hecho de establecer metas para la vacunación y otras intervenciones puede motivar a los trabajadores de la salud gubernamentales, pero también puede alentar a que se exagere en los informes a fin de evitar problemas con los supervisores.

La reciente iniciativa puesta en marcha por Etiopía para ver el avance de su programa de vacunación es un buen ejemplo de cómo se puede aprender de los datos y, lo que es más difícil, cómo usar esos datos para mejorar la entrega de las soluciones correctas. Una encuesta nacional que se realizó hace poco sobre la cobertura de la vacunación en Etiopía informó resultados muy diferentes de los estimados planteados por el gobierno. Etiopía podría haber omitido este conflicto y publicar solo los datos más favorables. Pero, en cambio, contrató a expertos independientes para que averiguaran por qué los indicadores eran tan diferentes. El gobierno encargó una encuesta detallada e independiente que detectará los puntos geográficos de muy alta cobertura y los de muy baja cobertura. Ahora, el gobierno está trabajando con el objeto de desarrollar mejores planes para las regiones que mostraron un desempeño más deficiente.

El avance que Etiopía está haciendo respecto de las Metas de desarrollo del milenio está llamando la atención de sus vecinos. De manera similar a lo que hizo Etiopía al emular al estado indio de Kerala, otros países como Malawi, Rwanda y Nigeria ahora están poniendo en práctica programas de extensión de la salud que idearon después de haber visitado Etiopía para aprender de su experiencia.

Indicadores, anticonceptivos e inversión en el futuro de las familias

Sadi, madre de cinco hijos, supo de los anticonceptivos después del nacimiento de su segundo hijo y allí pudo comenzar a espaciar los nacimientos de sus otros hijos (Talle, Níger, 2012).

por Melinda Gates

En todos los países a lo largo de los siglos, la capacidad de los padres para planificar sus familias y decidir si tendrían hijos y cuándo los tendrían es algo que se ha vinculado a marcadas mejoras en la salud, la prosperidad y la calidad de vida. Pero, en gran parte del África subsahariana y del sur asiático, cientos de millones de mujeres aún no tienen acceso a los anticonceptivos.

El mapa del fin de la polio

La lucha por erradicar la polio es mi prioridad, y, gracias a los enfoques que incorporan mediciones innovadoras, la campaña de erradicación mundial está más cerca que nunca de lograrlo.

Equipo de vacunación que se prepara para vacunar a niños contra la polio en la estación Patna del ferrocarril (Bihar, India, 2010).

La erradicación de la polio es una de las prioridades indiscutibles de la Fundación, un tema central para mí, y un marcado ejemplo de la importancia que tienen las mediciones hechas con precisión. A partir de 1988, organizaciones tales como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades ("CDC", por su sigla en inglés) de los EE. UU., Rotary International, UNICEF y la Organización Mundial de la Salud, junto con muchos países del mundo, acordaron la meta de erradicar la polio. El hecho de tener una meta explícita centró la voluntad política y abrió flujos de dinero para solventar campañas de vacunación de gran escala que lograron un avance muy rápido en el logro de esta meta. Para el año 2000, se había conseguido barrer el virus de América, de Europa y de casi la totalidad de Asia.

La cantidad de casos de polio en el mundo ha estado por debajo de los 1 000 en los últimos dos años, pero librarse de los pocos casos que quedan es la parte más difícil. En algunas enfermedades, como la viruela, que podía verse en la piel, era posible rastrear el lugar donde surgían los casos y concentrar los esfuerzos en vacunar a los niños de esas zonas. En cambio, en el caso de la polio, se necesitan semanas para confirmarla, y más del 95 por ciento de la gente infectada con el virus de la polio no desarrollan nunca los síntomas, por lo que pueden diseminar el virus sin siquiera estar enterados. Es por eso que a esto se lo conoce como "contagio silencioso". A fin de detener la transmisión de infecciones, los trabajadores de la salud tienen que vacunar a casi todos los niños de menos de cinco años varias veces al año para lograr los umbrales de inmunidad necesarios en los países afectados por la polio. Se estima que este umbral es de entre un 80 y un 95 por ciento en las partes de África y de Asia donde todavía existe la polio. Para lograr niveles de cobertura uniforme que permitan alcanzar estos umbrales, es indispensable contar con mediciones oportunas, precisas y locales, a fin de determinar dónde los valores están por debajo del umbral, entender qué puede estar haciéndose mal y corregirlo.

En enero último, después de años de luchar contra la enfermedad, India celebró un año completo sin un solo caso de polio. La mayoría de la gente esperaba que India fuese el lugar con mayores dificultades para erradicar la polio dada la densidad de sus áreas urbanas, la inmensidad de sus áreas rurales en el norte del país, la higiene deficiente, la gran cantidad de poblaciones móviles y los más de 27 millones de niños que nacen cada año, lo que es más que en toda el África subsahariana, y que deben ser vacunados. Detener la circulación del virus en todos los puntos del país fue el mayor logro de la iniciativa de erradicación en la década pasada.

Ahora, quedan solo tres países que aún no han logrado erradicar la polio: Nigeria, Pakistán y Afganistán. Visité el norte de Nigeria hace cuatro años para intentar entender por qué resulta tan difícil erradicar la enfermedad en ese lugar. Vi que la rutina de los servicios de salud públicos fallaban: Se vacunaba a menos de la mitad de los niños con regularidad, y no había indicadores confiables para saber cuántos niños vivían en cada zona. Además, el proceso normal que se seguía para supervisar la calidad de cada campaña antipolio no funcionaba. Las estadísticas sobre la calidad de la cobertura también variaban enormemente. Decidimos que era necesario invertir mucho en otra capa de control de calidad para entender qué se estaba haciendo mal. Para esto, debían elegirse sitios al azar en el mapa y se debía revisar al azar a los niños de esos lugares a fin de comprobar si se habían vacunado. Esta tarea requería personal especialmente capacitado que trabajara de manera independiente de las personas que estaban implementando las campañas de vacunación. Era crucial que hubiese imparcialidad.

La comunidad global antipolio está ahora finalizando un plan que debería permitirnos lograr la erradicación definitiva dentro de los próximos seis años.

Un problema enorme con el que se encontró el programa de lucha contra la polio era la gran cantidad de pequeños asentamientos que había en la región y que no figuraban en los mapas dibujados a mano por los vacunadores ni en las listas que documentaban la ubicación de los pueblos y la cantidad de niños. En consecuencia, esos niños no eran vacunados. A menudo, los pueblos que se encontraban en la intersección de dos mapas no estaban asignados a ninguno de los equipos. Para empeorar las cosas, la distancia estimada entre los pueblos estaba, en ocasiones, equivocada en varios kilómetros, por lo que los vacunadores no podían cumplir con la tarea tal como estaba asignada.

Con la intención de corregir esto, los trabajadores contra la polio recorrieron todas las áreas de riesgo en la parte norte del país. Paso a paso, exploraron esas áreas y hablaron con la gente: lograron agregar 3 000 comunidades a las campañas de vacunación. El programa también emplea imágenes satelitales de alta resolución para crear mapas aún más detallados. Y, dado que los nuevos mapas solo muestran las distancias reales entre los diferentes asentamientos, los gerentes ahora pueden asignar a los vacunadores de manera eficiente, para que su día de trabajo sea completo, pero alcancen a cubrirlo sin problemas.

Otro problema era que algunos equipos simplemente no iban a los lugares asignados. Para ayudar a solucionar este inconveniente, el programa está poniendo a prueba el uso de teléfonos equipados con una aplicación de GPS (Sistema de Posicionamiento Global) que los vacunadores pueden llevar encima. Al final del día, se descargan los recorridos del teléfono a una computadora portátil a fin de que los gerentes puedan ver la ruta que los vacunadores siguieron y compararla con la ruta que se les había asignado. Esto ayuda a garantizar que puedan volver a visitarse las áreas que quedaron sin cobertura, a fin de que esos niños no queden desprotegidos contra la polio.

En Nigeria las imágenes por satélite están reemplazando a los mapas dibujados a mano, con lo que los trabajadores sanitarios pueden ahora llegar con la campaña de vacunación a pueblos que antes no aparecían en los mapas.

El gobierno de Nigeria y sus socios deberán seguir trabajando en colaboración para ajustar las herramientas y los enfoques como estos con el objeto de medir la cobertura en el norte de Nigeria con mayor exactitud. Pero, sin dudas, se están haciendo avances, y se está llegando a más y más niños.

La inseguridad en Pakistán y en Afganistán representa otro desafío para la campaña. En diciembre, nueve vacunadores contra la polio fueron asesinados en Pakistán. Me resulta imposible imaginar por qué unos trabajadores de la salud, cuyo único objetivo era mejorar la salud de los niños y poner fin a la polio, fueron blanco de los ataques. Según lo veo yo, estas víctimas son héroes, y la mejor manera de respetar su memoria es terminando el trabajo por el que ellos dieron su vida. El programa de lucha contra la polio continuará, con esfuerzos adicionales por mejorar la seguridad de los trabajadores y por aumentar el apoyo de los líderes de las comunidades. La comunidad global antipolio está ahora finalizando un plan detallado que creo que debería permitirnos lograr la erradicación definitiva dentro de los próximos seis años.

Los sistemas de medición implementados por la iniciativa de erradicación serán invalorables para otras actividades de salud, incluyendo las campañas rutinarias de vacunación de bebés, lo que significa que el legado de la erradicación de la polio irá mucho más allá que ponerle fin a una enfermedad que alguna vez paralizó a más de 400 000 niños cada año.

Comentarios sobre el crecimiento de los docentes

Los docentes reciben escasa opinión sobre su trabajo, pero ahora hay nuevos avances en las mediciones de la efectividad de los docentes que están abriendo camino hacia renovadas oportunidades para mejorar la educación.

En octubre, Melinda y yo estuvimos cerca de Vail, Colorado, sentados junto a más de veinte alumnos de último curso de secundaria, aprendiendo a escribir textos de narrativa no de ficción. Al mirar a mi alrededor vi que cerca de un tercio de la clase eran niños de familias hispanas. Aproximadamente, la mitad de los 6 300 alumnos del Distrito Escolar del Condado de Eagle son hispanos, y este distrito se encuentra entre los que tienen mayor número de alumnos que aprenden inglés en todo Colorado.

Estuvimos allí para observar a la persona al frente de la clase, Mary Ann Stavney, una veterana del sistema de educación de Colorado, quien enseñó en la escuela secundaria, formó parte de la junta escolar del condado e impartió clases en una universidad local antes de aceptar su cargo actual como maestra del habla y artes del lenguaje en la secundaria Eagle Valley High School.

Como Docente Master en la escuela secundaria Eagle Valley High School, en Gypsum, Colorado, Mary Ann Stavney (vestida de violeta arriba) reparte su tiempo entre la enseñanza a los alumnos y la evaluación de los docentes (Gypsum, Colorado, 2012).

En la clase de ese día, Mary Ann dio una lección de 40 minutos sobre cómo los alumnos podían usar evidencia para reforzar los argumentos que esgrimían en sus ensayos, incluyendo una vivaz mini lección sobre cómo usar conectores como "porque", "en consecuencia" y "aunque" para iniciar una oración. Captó la atención de los alumnos, caminando entre ellos, haciendo buenas preguntas y logrando un excelente nivel de participación.

Tanto Melinda como yo pudimos ver por qué Mary Ann es una Docente Master, una distinción que se otorga a los mejores docentes de la escuela y que constituye un importante componente del sistema de evaluación de los docentes en el Condado de Eagle. En esa función, ella está capacitada para evaluar y dar su opinión a otros docentes. Su trabajo forma parte de un enfoque más amplio para medir el desempeño de los docentes que incluye datos de pruebas que muestran el nivel de aprendizaje de los alumnos, evaluaciones realizadas por los Docentes Master y el director de la escuela, y encuestas donde los alumnos opinan sobre sus maestros. El distrito es uno de los primeros en usar una mezcla de indicadores para ayudar a que los docentes mejoren.

Creo que el cambio más crítico que podemos hacer en la educación preuniversitaria en Estados Unidos es crear sistemas de opiniones para los docentes que tengan la debida financiación, sean de alta calidad y cuenten con la confianza de los docentes.

Me sorprendió ver cómo hace unos años más del 90 por ciento de los docentes no recibían comentarios ni indicaciones de qué hacer para mejorar. Gran parte del debate que se da hoy respecto de la educación en realidad gira en torno a la discusión de cómo implementar herramientas que permitan medir la efectividad de los docentes y si esas mediciones son, en verdad, algo posible. Sabemos que, si todos los docentes fueran, aunque sea un poco parecidos a los mejores, nuestro sistema de educación sería fantástico.

A partir del año 2009, la Fundación financió un proyecto llamado "Mediciones para una enseñanza eficaz" (o "MET", por su sigla en inglés) que se implementó con 3 000 docentes de aula con la intención de entender mejor cómo construir un sistema de evaluación y opinión que ayudara a los docentes a mejorar. En enero de 2013, anunciamos los resultados finales del proyecto MET. En dicho informe, se llegó a la conclusión de que existían maneras observables, repetibles y verificables de medir la efectividad de los docentes. El proyecto MET destacó varias medidas que las escuelas debían usar para evaluar el desempeño de los docentes, incluyendo encuestas a los alumnos e informes elaborados por evaluadores capacitados que observasen el trabajo de los docentes en el aula.

Visitando alumnos en South High School (Denver, Colorado, 2012).

Colorado ha sido pionero al introducir estos principios, y el Condado de Eagle está ayudando a marcar el camino. Hace unos 10 años, el distrito eliminó su sistema de evaluación tradicional basado en los años de antigüedad y pasó a utilizar uno basado en el desempeño. Las cosas no salieron muy bien. Los docentes se pronunciaron en contra de lo que ellos creían era un plan fallido con demasiado énfasis en las pruebas de los alumnos y muy poco respaldo por parte del distrito, entre otras preocupaciones. Para el año 2008, la mayor parte de la oficina central del distrito había cambiado, y la junta escolar había contratado a una nueva superintendente, la Dra. Sandra Smyser, a quien conocimos en nuestro viaje.

Ahora, los docentes sienten que el sistema les ayuda a mejorar. En el transcurso de un año escolar, cada uno de los 470 docentes que tiene el Condado de Eagle es evaluado tres veces y su clase se observa, al menos, nueve veces. El proceso comienza con los Docentes Master, que pasan el 30 por ciento de su tiempo observando a sus colegas en sus aulas y dándoles indicaciones en aquellas áreas que necesitan mejorar. Luego, un Docente Master y el director observan diferentes clases, algunas con aviso previo y otras de manera imprevista. Los Docentes Master, que dedican el 70 por ciento de su tiempo a esta tarea, mantienen conferencias con el docente antes de cada evaluación planificada, y le brindan su opinión después de la evaluación.

El sistema del Condado de Eagle llama la atención, porque se centra en ayudar a que cada docente crezca. Las evaluaciones se usan para dar a cada docente no solo una puntuación, sino también indicaciones específicas sobre los aspectos que puede mejorar y maneras sobre cómo aprovechar mejor sus aspectos fuertes. Además del proceso de coaching individual, los Docentes Mentores y Master realizan reuniones de grupo semanales en las que los docentes hablan sobre el trabajo de los alumnos y colaboran para ampliar sus habilidades. Los docentes pueden acceder a bonificaciones y aumentos en su salario anual según las observaciones hechas en el aula y el desempeño de los alumnos. Sandra, la Superintendente, explicó que el sistema ha ayudado a conservar a los docentes.

La maestra de cuarto grado, Courtney Artis, cuya clase forma parte del proyecto MET, habla con alumnos en la escuela primaria Cornelius Elementary School (Cornelius, Carolina del Norte, 2012).

El estado de Colorado indica que, para el año escolar 2013-2014, las calificaciones de todos los docentes se basen mitad en los cambios que se evidencien en los resultados en las pruebas de los alumnos y mitad en otros indicadores. Sandra y sus colegas dijeron que les resultó difícil ver cómo podían incorporarse los resultados de las pruebas de los alumnos en el proceso de evaluación. Uno de los motivos es que resulta más difícil comprobar las mejoras de un alumno en ciertas áreas, como música y arte, que en otras, como matemática y ciencia.

El programa también enfrenta los desafíos que plantean los presupuestos cada vez más ajustados. Los Docentes Mentores y Master reciben paga adicional y, dado que una parte de su tiempo se dedica al proceso de coaching y evaluación, el distrito necesita incorporar otros docentes para reemplazarlos en el trabajo de aula. No obstante, me parece increíble que, incluso con los recortes de presupuesto que ha habido en los últimos dos años, el Condado de Eagle haya podido mantener intacto su sistema de evaluación y apoyo. Este sistema es, probablemente, una de las razones por las que las puntuaciones de los alumnos en las pruebas han mejorado en el Condado de Eagle en los últimos cinco años.

Creo que el cambio más crítico que podemos hacer en la educación primaria en los Estados Unidos es crear sistemas de opinión para los docentes tal como el que se ha implementado en el Condado de Eagle, que tengan el debido financiamiento, sean de alta calidad y cuenten con la confianza de los docentes. Estos sistemas de medición deben brindar a los docentes las herramientas que les ayuden a respaldar su desarrollo profesional. Las lecciones de estas tareas nos ayudarán a mejorar los programas de educación para docentes. Los países que tienen sistemas de educación mejores que el de los Estados Unidos brindan más opinión a sus docentes respecto de su desempeño de lo que hacemos nosotros hoy, pero creo que es posible lograr resultados que superen incluso a que los que algún país haya alcanzado alguna vez.

El camino hacia adelante

El mundo enfrenta muchos desafíos, pero tenemos la oportunidad de acelerar el avance contra la pobreza, el hambre y la enfermedad en los próximos años.

La vida de las personas más necesitadas ha mejorado en los últimos 15 años con mayor rapidez que nunca antes y, así y todo, tengo la esperanza de que mejorará aún más en los próximos 15 años.

La vida de las personas más necesitadas ha mejorado en los últimos 15 años con mayor rapidez que nunca antes y, así y todo, tengo la esperanza de que mejorarán aún más en los próximos 15 años. Después de todo, el conocimiento humano está creciendo. Podemos ver esto concretamente en la invención de nuevos medicamentos, como los medicamentos para la lucha contra el VIH y la manera en que sus precios han caído, y en la creación de nuevas semillas que permiten que los granjeros con menos recursos sean más productivos. Una vez que estas herramientas se inventan, no se "desinventan", sino que simplemente se mejoran.

Los escépticos señalan que nos ha resultado muy difícil acercar las herramientas nuevas a las personas que las necesitan. Ahí es donde innovar en la manera de medir los procesos y los resultados está marcando una gran diferencia. El proceso que he descrito (establecer metas claras, seleccionar el enfoque adecuado y medir luego los resultados para obtener opiniones y poder pulir el enfoque continuamente) nos ayuda a proporcionar las herramientas y los servicios a todas las personas que más se beneficiarán con ellos. Esta innovación para reducir el cuello de botella en la entrega es crítica. Siguiendo el camino recorrido por la máquina de vapor hace tiempo, el progreso no tiene que estar "condenado a ser algo raro y errático". De hecho, podemos hacer que se vuelva algo normal.

Y, si bien soy optimista, no hago caso omiso de los problemas que enfrentamos. Son desafíos que debemos superar para poder acelerar el progreso en los próximos 15 años. Dos que me preocupan sobremanera son la posibilidad de que no logremos reunir los fondos necesarios para solventar los proyectos de salud y desarrollo, y la posibilidad de que no consigamos alinearnos en torno a metas claras para ayudar a los que menos tienen.

La buena noticia respecto de los recursos es que muchos países en vía de desarrollo tienen economías que están creciendo, lo que les permite dedicar más recursos a ayudar a su gente más necesitada. India, por ejemplo, depende menos de la ayuda y, en algún momento, dejará de necesitarla.

Algunos países, como el Reino Unido, Noruega, Suecia, Corea y Australia, están incrementando la ayuda, mientras que otros, incluso aquellos con larga tradición de haber donado fondos para la ayuda, como Japón y los Países Bajos, han reducido sus aportes. La dirección que seguirán muchos países, incluyendo los Estados Unidos, Francia, Alemania y Canadá, no está todavía claramente definida.

Aun así, la asistencia sigue siendo crítica. Ayuda a satisfacer las necesidades básicas de la gente que vive en los países más pobres. Financia la innovación para la creación de nuevas herramientas y servicios, y para su entrega. Lamentablemente, la generosidad de la ayuda se ve amenazada por los grandes déficits que afrontan casi todos los países ricos. A menos que los votantes conozcan cuál es el impacto positivo que su generosidad está logrando, inevitablemente se centrarán en asuntos más cercanos a su propio país. Una sola historia, sea o no verdad, respecto de una pequeña cantidad de fondos donados para ayuda que se use de manera inapropiada puede ensuciar todo el campo. Imaginen cómo se sentirían respecto de invertir si todo lo que leyeran es sobre las acciones que cayeron y no sobre los grandes éxitos.

Históricamente, se hacía referencia a la ayuda básicamente en términos de la cantidad total de dinero invertido. Pero, ahora que medimos con mayor precisión indicadores como la mortalidad infantil, la gente puede ver el impacto que la ayuda tiene en un claro contraste que marca la diferencia entre darle a alguien un tratamiento para el VIH o dejarlo morir. Cuando se presenta de esta manera, la ayuda tiene más posibilidades de convertirse en prioridad para la gente.

Reunión con Florence Daka, una mujer que vive con VIH, y su hijo, Stephen, durante una visita al Coptic Mission Hospital (Lusaka, Zambia, 2012).

Mi segunda preocupación en cuanto a los próximos 15 años es si el mundo logrará alinearse en torno a un conjunto claro de metas. Naciones Unidas está comenzando a delinear nuevos objetivos para los años siguientes al 2015, que era el plazo para cumplir las Metas de desarrollo del milenio. Al igual que sucedió con la primera ronda, el próximo conjunto de metas podría ayudar a alinear a los grupos que están haciendo el trabajo, recordar a los votantes lo que se logra con su generosidad y permitirnos ver dónde estamos avanzando en la entrega de soluciones a los más necesitados.

El éxito de las Metas de desarrollo del milenio significa que existe mucho interés en ampliarlas para incluir un conjunto más amplio de temas por abordar. Pero muchas de las posibles nuevas metas no tienen un respaldo unánime, y agregar muchas metas nuevas o metas que no puedan medirse con facilidad, podría echar por tierra el impulso alcanzado.

Las Metas de desarrollo del milenio tenían coherencia porque se centraban en ayudar a las personas más pobres del mundo. Los grupos que necesitaban trabajar juntos por las Metas de desarrollo del milenio eran fáciles de reconocer y podían asumir la responsabilidad de colaborar y avanzar en la consecución de tales metas. Cuando Naciones Unidas llegue a un acuerdo sobre otras metas importantes, como mitigar el cambio climático, debería considerar si no sería mejor recurrir a otro grupo de actores diferentes así como a un proceso separado para tal tarea.

Espero que todas las personas que lean esto estén entusiasmadas por ver cuánto ha avanzado el mundo para ayudar a los más necesitados en los últimos 15 años. Es el tipo de historia con buenas noticias que sucede de a una vida por vez y que, por eso mismo, no suele tener la misma visibilidad pública que las malas noticias como el brote de una nueva epidemia. De tanto en tanto, debemos detenernos y celebrar los logros que se obtienen al poder tener las metas correctas combinadas con voluntad política, ayuda generosa e innovación de las herramientas y su proceso de entrega. Definitivamente, eso ha profundizado mi compromiso con este trabajo.

Bill Gates
Copresidente, Fundación Bill & Melinda Gates
January 2013

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