Nuestra causa

Malaria

Estrategia

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Técnicos de laboratorio investigan sobre mosquitos en el Ifakara Health Institute (Tanzania).

NUESTRA META:

un mundo sin malaria.

El reto

A grandes rasgos

La malaria está presente en casi 100 países del mundo. Según el Informe sobre la malaria en el mundo del 2013, en el 2012, se detectaron más de 200 millones de casos. Se calcula que la malaria se cobró 627 000 vidas en el 2012, el 90 % de las cuales se registran en el África subsahariana. La mayoría de las víctimas mortales fueron niños menores de cinco años.

Entre el año 2000 y el 2012, se llevaron a cabo iniciativas importantes de financiación en materia de diagnóstico, tratamiento y prevención que contribuyeron a reducir la incidencia de la malaria en un 25 % y a disminuir el número de muertes a causa de la malaria en un 42 % a escala mundial.

A pesar de los grandes avances logrados, las herramientas y los tratamientos existentes se han revelado insuficientes para eliminar la malaria en muchos países, a causa de importantes retos como la resistencia creciente por parte del parásito a insecticidas y fármacos o la transmisión constante por parte de personas infectadas que no presentan síntomas.

El único enfoque viable para abordar la problemática de la malaria es la erradicación total del parásito. Los países donantes no pueden seguir invirtiendo miles de millones de dólares anuales ad infinítum, y el resurgimiento de la malaria podría amenazar los avances logrados con tanto esfuerzo. La erradicación de la malaria es biológica y técnicamente factible siempre que contemos con el compromiso necesario a escala mundial y con inversiones sustanciales destinadas a encontrar herramientas y estrategias de suministro innovadoras transformadoras.

Alan Magill, en calidad de director, dirige nuestra estrategia de malaria, actualizada en el 2013 y enmarcada en la División de Salud Mundial de la Fundación.

La malaria está presente en casi 100 países del mundo, tiene un gran impacto en la salud humana y supone una importante carga social y económica en los países en desarrollo, especialmente en el África subsahariana y en Asia meridional. Se calcula que, en el 2012, 207 millones de personas padecieron malaria y alrededor de 627 000 murieron a causa de esta enfermedad. En torno a un 90 % de las muertes se registraron en el África subsahariana, y el 77 % fueron muertes de niños menores de cinco años.

La malaria es una enfermedad causada por parásitos que se transmiten a través de los mosquitos. Incluso en los casos relativamente leves puede causar fiebres altas, escalofríos, síntomas gripales y anemia grave. Estos síntomas son especialmente peligrosos en mujeres embarazadas y niños pequeños que padecen la enfermedad por primera vez. En los niños, la malaria aguda puede causar retrasos mentales de por vida, y se estima que las consecuencias económicas ascienden a miles de millones de dólares anuales por pérdidas en materia de productividad. 

Las inversiones dedicadas a abordar la malaria son hoy casi diez veces mayores que hace doce años y se han conseguido grandes logros en cuanto al control de la enfermedad en los países en desarrollo. El número de casos nuevos ha disminuido en un 25 % a escala mundial, y las muertes causadas por la malaria se han visto reducidas en un 42 %. Estos hitos han sido posibles gracias a una combinación de medidas, como el diagnóstico y el tratamiento tempranos mediante pruebas de diagnóstico y fármacos eficaces, la fumigación de interiores con insecticidas seguros y de efecto prolongado, así como la cobertura de las camas con mosquiteros impregnados con insecticida de efecto prolongado para proteger a las personas de los mosquitos durante la noche.

No obstante, los tratamientos y herramientas existentes son insuficientes para lograr la erradicación de la malaria en muchos países. Además, el costo de mantener todas estas medidas ya ha ascendido a varios miles de millones de dólares anuales. El parásito de la malaria ha empezado a desarrollar resistencia a los insecticidas y fármacos actualmente disponibles, y estas cepas resistentes van a propagarse. Las personas infectadas que no presentan síntomas (la mayoría de los infectados) representan una fuente constante de transmisión.

Con el compromiso mundial adecuado, inversiones sustanciales en investigación y desarrollo, así como nuevas herramientas y estrategias de suministro transformadoras, podemos lograr la ambiciosa meta de erradicar la malaria. Ahora bien, si no contamos con acciones inmediatas y coordinadas a escala mundial, la puerta a esta magnífica oportunidad podría cerrarse definitivamente, y, con ello, podrían peligrar todos los avances logrados.


Oportunidades

La malaria puede prevenirse y tratarse, y la historia nos demuestra que podemos eliminarla. Hace menos de un siglo, la malaria estaba propagada por todo el mundo, incluidas Europa y América del Norte. Sin embargo, a mediados de la década de los treinta, se eliminó la enfermedad de la mayoría de las regiones de Europa occidental. Asimismo, los Estados Unidos lograron la erradicación de la enfermedad en 1951. 

Estamos ante la oportunidad de acelerar los avances hacia la eliminación completa de la malaria en todos los países del mundo si somos capaces de ejecutar las medidas ya existentes y desarrollar nuevas herramientas y estrategias que no se centren únicamente en los mosquitos transmisores de malaria, sino también en el propio parásito, que tiene la capacidad de seguir viviendo en los humanos durante más de diez años. Si movilizamos el compromiso y los recursos suficientes, podremos lograr la erradicación mundial de la malaria y salvar millones de vidas.


Nuestra estrategia

La malaria constituye una de las prioridades de la Fundación Bill y Melinda Gates. Nuestra estrategia de malaria, denominada Aceleración hacia el cero, es un programa plurianual, vigente desde finales del 2013, que aborda los ámbitos en los que creemos que la Fundación goza de una posición privilegiada, respecto a un amplio elenco de asociados, para plantear enfoques pioneros dedicados a reducir la carga que supone la malaria y a acelerar los avances hacia la erradicación de esta enfermedad.

Dicha estrategia está apuntalada sobre un conjunto de pilares fundamentales que marcan la evolución de nuestras decisiones estratégicas.

  • La erradicación de la malaria consiste en la eliminación de los parásitos que causan la enfermedad por transmisión de un ser humano a otro ser humano. Limitarse a detener la transmisión no es suficiente para lograr la erradicación.
  • Dicha erradicación puede acelerarse con la introducción de nuevos tratamientos con fármacos y estrategias encaminados a curar parasíticamente a los infectados de malaria. Los tratamientos con artemisinina de los que disponemos actualmente solo pueden curar al paciente clínicamente, pero no eliminan las especies de parásitos que causan la transmisión continua.
  • La mayoría de las personas que contraen la infección no presentan síntomas y, por lo tanto, devienen una fuente de transmisión continua. Para que una iniciativa de erradicación de la malaria sea eficaz y tenga un efecto inmediato, es necesario que aborde las infecciones asintomáticas partiendo de un planteamiento comunitario.
  • La resistencia emergente a los fármacos e insecticidas actuales supone una amenaza inmediata a los avances logrados recientemente y obstaculiza el progreso de cara al futuro. Tanto la aplicación de herramientas existentes como el desarrollo de nuevas soluciones debería regirse por este imperativo evolutivo.
  • La malaria es biológica y ecológicamente distinta en todo el mundo. Por lo tanto, su erradicación requerirá estrategias diseñadas e implementadas ya sea a escala local o regional.

Concentramos los recursos de la Fundación en ámbitos en los que identificamos un gran potencial de cambio, y asumimos riesgos a los que otros no están dispuestos a hacer frente.

Un entomólogo analiza los mosquitos muertos extraídos de una trampa colocada en la ventana de una casa en una aldea.

Entre las medidas con mayor potencial transformador que podrían agilizar el proceso de erradicación de la malaria se encuentran los tratamientos de dosis única seguros y fáciles de tolerar, las pruebas de diagnóstico de alta precisión y las vacunas que pueden prevenir la infección o interrumpir la transmisión.

Dado que la resistencia emergente a insecticidas y fármacos constituye el mayor obstáculo biológico para lograr el objetivo de la erradicación, la Fundación finanza el desarrollo de nuevas herramientas y estrategias para prevenir o postergar dicha resistencia.

Hasta la fecha, hemos comprometido casi 2000 millones de dólares en concepto de subvenciones dedicadas a combatir la malaria. Hemos comprometido asimismo más de 1600 millones de dólares al Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, fondo que aporta el 50 % de la financiación internacional para controlar la malaria a escala mundial. También somos grandes defensores del financiamiento creciente y prolongado de las iniciativas relacionadas con la malaria por parte de Gobiernos donantes y países donde la enfermedad es endémica.

Ámbitos de actuación

Destinamos nuestros esfuerzos a abordar tres prioridades principales:

Demostrar que el camino acelerado hacia la erradicación es posible

Una enfermera suministra un fármaco para tratar a un bebé infectado de malaria en Tanzania.

Desde la Fundación generamos la base empírica que demuestra que la malaria se puede eliminar en zonas geopolíticamente muy distintas y con diversos patrones de transmisión, como en el África meridional o en la subregión del Gran Mekong. Estamos convencidos de que con una aplicación más eficaz e innovadora de las herramientas existentes, junto con colaboraciones más estrechas y un mayor compromiso por parte de los Gobiernos, podemos hacer que las campañas de lucha contra la malaria se acerquen más a la meta de la eliminación. Para ello, es necesario mejorar el suministro de fármacos, métodos de diagnóstico y herramientas de control de vectores existentes; debemos asimismo investigar sobre el potencial de los fármacos existentes para curar completamente la infección a escala individual y de la población, incluidos los reservorios asintomáticos. Finalmente, debemos adaptar las estrategias para llegar a determinados grupos de la población, tales como las mujeres embarazadas y los niños menores de cinco años.

Invertir en medidas innovadoras

Puesto que las herramientas existentes no bastan para lograr la erradicación mundial de la malaria, invertimos fondos en una gran variedad de iniciativas que puedan tener un impacto mucho mayor. Apoyamos la creación de vacunas que interrumpan la transmisión y el desarrollo de un tratamiento combinado de dosis única y fija que permita prevenir la enfermedad y curarla completamente.

Un grupo de habitantes de una zona rural de la provincia de Pailín (Camboya) asisten a un curso sobre la prevención de la malaria.

Invertimos en herramientas de diagnóstico de alta precisión y en métodos de transferencia de datos a tiempo real para tener una mayor comprensión de los patrones epidemiológicos de la infección. De este modo, podremos concebir estrategias de vigilancia de mayor calidad y campañas de eliminación más eficaces.

Actualmente estamos explorando una nueva herramienta de control de vectores que podría combatir la creciente resistencia a los insecticidas antimosquitos o impedir que los mosquitos transmisores piquen a las personas.

Creemos que las nuevas y mejores herramientas de vigilancia serán claves para pasar de un patrón de transmisión muy bajo a un patrón de transmisión cero prolongado en el tiempo, especialmente en lugares remotos y en zonas de conflicto. Aplicamos lo que aprendemos de otros programas de erradicación (como los de la erradicación de la viruela y la poliomielitis), a los ensayos y la puesta en práctica de nuevos métodos y herramientas de vigilancia. Además, también estamos explorando nuevas formas de medir el progreso y poder documentar la eliminación de la enfermedad cuando la logremos.

Movilizar recursos

Nos esforzamos para garantizar que la malaria sea una preocupación central en el panorama mundial y que cuente con el apoyo político y los recursos necesarios para, con el tiempo, lograr su erradicación. En este sentido, nuestra labor consiste en apoyar las iniciativas de distintos países para reducir la carga que representa la malaria y aplicar cada vez más medidas eficaces, ofrecer pruebas empíricas que demuestren la utilidad de nuevas medidas eficaces y promover políticas y apoyo financiero tanto a escala nacional como mundial que favorezcan la implementación de programas eficaces para combatir la malaria.

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