Hace más de una década, leímos un artículo sobre los millones de niños que morían anualmente en los países pobres, víctimas de enfermedades que aquí ya habían sido erradicadas. Una enfermedad que desconocíamos, el rotavirus, literalmente mataba a medio millón de niños cada año. Pensamos que debía tratarse de un error tipográfico: si una enfermedad estuviese matando a tantos niños, habríamos leído acerca de ella en la portada de los diarios. Sin embargo, no era un error.
No pudimos evitar llegar a la brutal conclusión de que, en nuestro mundo actual, pareciera que vale más la pena salvar algunas vidas que otras. Nos negamos a creer que esto fuera cierto, pero si lo fuera, debía convertirse en prioridad de nuestras donaciones.
Enviamos el artículo al padre de Bill, el señor Bill Gates, con una nota adjunta que decía: "Papá, tal vez podamos hacer algo al respecto". Por supuesto, él nos ayudó a comenzar.
En el año 2000, creamos la Fundación Gates porque creemos en el principio de igualdad entre los seres humanos. La vida de un niño pobre en un país en vías de desarrollo es tan valiosa como la vida de un niño de clase media en un país desarrollado y una familia que lucha por llegar a fin de mes en una pequeña ciudad es tan importante como una que prospera en un barrio residencial y seguro. Hoy, miles de millones de personas ni siquiera tienen la posibilidad de llevar una vida saludable y provechosa, por eso, nuestro propósito es contribuir a que todos la tengan.
Sabemos que éste es el momento adecuado para hacerlo, porque gracias a los avances científicos y tecnológicos, es posible solucionar problemas graves y complicados, como nunca antes lo fue. Si estos adelantos se centran en los problemas de aquellos que más necesitan y que menos tienen, en este siglo millones de personas crecerán en forma más saludable, recibirán una mejor educación y lograrán salir de la pobreza. Warren Buffett, hombre generoso quien comparte nuestra perspectiva optimista, nos honró donando a la fundación una sustancial suma.
Como confiamos tanto en el hecho de que el progreso rápido es posible, hemos decidido que la fundación invertirá todo su dinero durante los próximos 100 años. Este es el siglo para que el mundo demuestre que todas las vidas tienen el mismo valor.

Bill Gates y Melinda F. Gates